El tiempo del vagabundeo
Comments 0
- Defábula on 27/04/2020 in
El tiempo del vagabundeo

He titulado estás reflexiones hechas por Joseph Campbell, El tiempo del vagabundeo que me parecen acertadas reflexiones cuando nada ocurre o creemos que nada pasa en nuestras vidas. El texto es prácticamente literal solo he omitido algunas líneas que no cobran sentido al mensaje que quiero compartirles.

Tengo en la memoria cada detalle de aquellos años. En los hermosos libros de Goethe, Wilhelm Meister, años de aprendizaje, y Wilhelm Meister, años de peregrinaje, está la idea de tropezar con la experiencia y la gente mientras uno viaja al azar. En realidad así es como se experimenta la vida, nada es rutina, nada debe darse por sentado. Todo está suelto, porque todo es una posibilidad, todo es una clave, todo nos habla. Es maravilloso. Es como si uno tuviera un olfato que lo llevara a los sitios indicados. Cuando uno viaja de ese modo tendrá momentos maravillosos. Ese vagabundeo es una oportunidad de oler cosas y de algún modo hacerse una idea de dónde establecerse.

El hombre pobre que consigue un empleo y sigue en él toda su vida […] “Cuando has llegado a lo alto de la escalera, y ves que la habías apoyado en la pared equivocada”. Ahí es donde está tanta gente. Es horrible. Y entonces, ¡cielo santo!, bajar toda la escalera y empezar otra subida…Olviden la escalera y limítense a vagar, a caminar.

Pasé ocho meses vagando. Estudié ruso sin motivo alguno salvo que era el idioma que seguía después de haber aprendido español, francés y alemán. Leí La guerra y la paz en ruso. Ahora no puedo leer dos palabras en ruso, pero en aquel momento me acercó a la comunidad rusa en Los Ángeles […]

Tras un año en California, volví a Nueva York y conseguí empleo en un colegio de pupilos. Me pagaban novecientos dólares por enseñarles a los chicos Alemán y Francés, Historia Antigua e Inglés. Además, yo era su niñera: los hacía acostar a la noche, los hacía levantar a la mañana, los hacía formar fila, y después los llevaba al campo deportivo. Les aseguro que era otra clase de vida y no pude soportarla. Era una hermosa escuela, un hermoso trabajo, pero yo sabía que me había salido de mis carriles. Volví a la Depresión.

¡Oh, fueron grandes experiencias! Yo no hacía más que revolotear, olfateando aquí y allá lo que podía hacer y lo que no. Solo quería hacer lo que tuviera sentido para mi interior. No veo cómo se puede vivir de otro modo. Y nada es mejor que leer cuando no hay otra cosa que hacer.

Cuando ustedes vaguen, piensen en lo que quieren hacer ese día, no en lo que ustedes se dijeron antes que querrían hacer. Y hay dos cosas por las que no deben preocuparse cuando no tienen responsabilidades: una es pasar hambre y la otra es lo que la gente piense de ustedes. El tiempo del vagabundeo es positivo. No piensen en cosas nuevas, no piensen en logros, no piensen en nada de eso. Piensen: “¿Dónde me siento bien? ¿Qué es lo que me da alegría?

Es simplemente lo básico. Sáquense del sistema esas ideas de presión , y entonces podrán descubrir, como una bola de ruleta, donde caerán. La bola de la ruleta no dice: “Bueno, la gente pensará mejor de mí si voy allí y no allá”. Tomen lo que venga y estén donde les guste. Lo que cuenta es estar donde uno siente que es su lugar.

En nombre de la bienaventuranza

Debe hacerse a un lado la pregunta

“¿Qué pensarán de mí?”

Mis padres nunca me presionaron. Tuve suerte en eso. Para cuando me invitaron a enseñar en el Sarah Lawrence, yo había decidido que no necesitaba un empleo, ni lo quería. Interrumpiría mis lecturas. Pero cuando vi ese colegio lleno de chicas adorables, pensé: “Bueno, no está tan mal”. Cuando al fin conseguí el puesto, tenía treinta años, y mi papá me dijo: “Joe, creí que serías un vagabundo literario”. Pero antes de conseguir el empleo, nunca dijo una palabra. Fue un buen padre. Cuando salió El héroe con mil caras, dijo: “Profetizo que éste será un libro maravilloso”. No había leído una palabra del libro, pero conocía al chico que lo había escrito.

Sé que el vagabundeo podrá parecer una forma extraña de vida para alguien con una formación científica, que tiende a dar una perspectiva hacia el futuro de todo lo que hace, pero cuando se vagabundea uno siente una clase de misterioso proceso orgánico. Es como un árbol que crece. No sabe por qué parte seguirá su crecimiento. Una rama puede crecer en esta dirección, después en aquélla, y después en aquella otra. Si la dejamos así y no aplicamos presiones externas, cuando miremos atrás veremos que habrá sido un desarrollo orgánico. Recuerden esto nada más: Parsifal lo echó todo a perder cuando hizo lo que la gente esperaba que hiciera.

Pág. 71-72-73

Campbell Joseph

Reflections on the Art of Living