Orígenes de la Psicología Humanista
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- Erika on 22/08/2012 inGeneral

Surge de la rebelión hacia aceptar que el ser humano es un mero problema técnico a resolver o un vínculo enfermo fruto del caos y la represión social.

A esta tercera fuerza también se la denomina movimiento de potencial humano, postula:

“Una centralización de la persona que experimenta… Un énfasis a cualidades tan específicamente humanas como la opción, la creatividad, la evaluación y la realización personal… Una fidelidad al sentido común en la selección de problemas a estudiar… y un interés y valorización de la dignidad y valía del hombre y en el desarrollo del potencial inherente a toda persona”.

(Charlotte Buhler y James F. T. Bugental, Association for Humanistics Psychology, San Francisco, 1970.)

Los tres líderes más carismáticos han sido Abraham Maslow, Carl Rogers y Fritz Perls.

Abraham Maslow fue uno de los primeros psicólogos en visionar que era un error estudiar únicamente gente “enferma”, situaciones problemáticas e infelicidades.

Había distorsión si se mira solamente el mal como modelo del futuro humano o como fuente de comprensión de su naturaleza.

Antes habían estado demasiado dedicados a los sufrimientos y muy poco a las alegrías, a las enfermedades y no a la salud, a la curación y no al crecimiento, a la evaluación y no a la trascendencia, demasiado ocupados en la destrucción y no lo suficiente en la creatividad.

Optó por estudiar la cara creativa y a favor de la vida del hombre, en parte para reajustar el desequilibrio derivado del anterior énfasis por lo patológico.

Se interesó principalmente por la persona como un ser singular y único cuya humanidad no debía perderse al servicio de una concepción científicamente previsible y objetiva que diluye los colores de la vida.

En su estudio del hombre, “lo genérico, lo abstracto, lo clasificado y lo categorizado (no deben oscurecer) lo fresco, lo crudo, lo concreto, lo idiográfico”.

Maslow sintetizó su visión de salud psicológica, de creatividad, del ser, en su concepto de autorrealización. La gente con problemas, está motivada por déficits, por una necesidad de suplir lo que carecen (como pueden ser la protección, la integración, el afecto,…). Cuanto más madura es una persona cuyas necesidades básicas están satisfechas, ya no lucha de la misma manera para enfrentar las situaciones.

En cambio, la persona autorrealizada da una imagen de tranquilidad, espontaneidad y autoexpresión (en lugar de tensión neurótica, rigidez y búsqueda desesperada).

Supera la preocupación por la distinción entre el egoísmo y la generosidad, entre el “yo debo” y “yo quiero”, entre el trabajo y el juego.

La mayor aportación de Carl Rogers a la psicología humanista es la psicoterapia centrada en el cliente. Rogers es menos teórico que practico.

Al principio de su carrera le disgustaba la idea que se tenía del consejero como la autoridad experta que hace interpretaciones. Veía al cliente y al terapeuta como iguales y la actitud de este último como respetuosa, abierta y permisiva. El analista no-directivo trata al cliente con una “incondicional consideración positiva” y respeta los sentimientos del cliente.

Las palabras de Rogers reflejan la relación que se puede establecer entre cliente y terapeuta para crear un medio donde el cliente puede resolver sus problemas:

“Si puedo crear una relación caracterizada por mi parte por:

-una claridad y transparencia en las que yo soy mis sentimientos verdaderos;

-una cálida aceptación y aprecio de la otra persona como individuo;

-una sensible capacidad de verle a él tal como él los ve,

Entonces, el otro individuo en la relación:

-experimentará y entenderá aspectos de sí mismo que previamente había reprimido;

-se encontrará mejor integrado, más capaz de funcionar eficazmente;

-se parecerá más a la persona que le gustaría ser;

-se volverá más dueño de su destino y tendrá más confianza en sí mismo;

-será más persona, más única y más autoexpresiva;

-comprenderá y aceptará más a los demás;

-podrá lidiar con los problemas de la vida de forma más adecuada y más cómoda.

Fritz Perls fue el fundador dela terapia Gestalt, un complejo no-sistema teórico que se aparta radicalmente de sus raíces psicoanalíticas, diferenciándose por medio de la concepción alemana de Psicología Gestalt. Esto último, pone de manifiesto el hecho de que percibimos de forma organizada  partes significativamente relacionadas con el todo, y con una interacción dinámica entre la figura que enfocamos y el fondo que sirve de contexto.

En su último periodo invitada a un participante cada vez, a tomar asiento en la conocida “silla caliente” para que este tratara de elaborar un problema personal. En este contexto, frente a frente, terapeuta y participante se regían con la consigna de “Nada existe, salvo el aquí y ahora”. Viene a decir que lo importante no es el por qué del problema sino la toma de conciencia de cómo rechazamos el ser libres.

Los problemas neuróticos son vistos como asuntos inconclusos (Gestalten incompletos). Todos los elementos necesarios están presentes, pero nos abstenemos de sentirlos e integrarlos por medio de chácharas vacías y fantasías inacabadas, o haciendo que nuestros cuerpos expresen estos sentimientos por medio de posturas y movimientos que luego podemos ignorar.

No sólo enseñaba, sino que demostraba vívidamente su convicción de que nadie fue puesto en este mundo para cumplir las expectativas de los demás. Solamente soy responsable ante mí y de mí mismo.

Su mayor genio, estriba en su instinto creativo para crear modos que desarmaban a la gente, que superaban sus palabras vacías y convencionalismos sociales a fin de ayudarles a que dejaran de estar paralizados.

Muchas de estas maneras de hacer se han convertido en técnicas estandarizadas para el trabajo de muchos terapeutas humanistas y líderes de grupos de encuentro. Una de ellas es la forma que él tenía de analizar los sueños. En cada ocasión tras una descripción del sueño, Perls hace representar el ser, sentir y hablar de cada una de las partes del sueño. El paciente puede interpretar a cada parte o dialogar alternativamente con una y otra parte. Realmente cada parte del sueño es el soñador. A medida que asume un aspecto rechazado de sí mismo, vuelve a cobrar más vida, a sentir más profundamente y a ser más libre.